montaje




Es siete de marzo de 1983. Alguien abre la puerta de su coche, entra y se dispone a arrancar el vehículo, pero este no responde.

Al salir, se percata de un horrible chirrío en la puerta y un deterioro considerable en la pintura y la chapa del vehículo.

Todo alrededor es distinto. Su coche está completamente malogrado y la gente le observa extrañada.

No es 1983. Es el año 2003.

¿Dónde ha estado este hombre?

El coche no se ha movido de su aparcamiento, y su casa tiene como inquilinos a sus hijos recién nacidos, que ahora tienen veinte años.

¿Puede ser que el tergiversador multidimensional haya apretado las tuercas de este ser humano y le haya hecho avanzar en el tiempo?

¿Es el viaje el propio tiempo, o el tiempo el propio viaje?

Si no te mueves del sitio, y no observas alrededor, ¿puede ser que todo cambie porque alguien quiere que así sea?

Las respuestas nunca alcanzan a las preguntas, pues es nuestro destino desenterrar la resolución de algo y en su lugar plantar la duda multiplicada por veinte, o treinta... o mil millones.

¿Miras a la posición de la luna (cuando no la envuelven las nubes) y te das cuenta de que estás parado en un lugar que se mueve sin que tú lo sepas?

Porque tal vez, Hilary Putnam ha estado follando con Erwin Schrödinger y, como resultado de la cópula,

$$\text{tenemos una dimensión o cientos de}$$
$$\text{miles de millones de alternativas a lo}$$
$$\text{que podemos observar, mientras que}$$
$$\text{la oscuridad tiñe de púrpura azabache}$$
$$\text{las respuestas para que nos perdamos}$$
$$\text{en nuestros propios, malsanos y}$$
$$\text{dementes pensamientos.}$$

No estamos solos.

Estamos con nosotros mismos,

conviviendo con nuestras sombras

y con el visitante del otro lado del espejo,

que con brillantes ojos blancos

te observa a treinta centímetros,

con 21 gramos menos,

y con unas manos cadavéricas

que quieren tocar tu hombro...

sigue contigo,

pero ni aquí ni ahora.

Y al final del día...

no

sabemos

quiénes

somos.

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