19 de Diciembre: La Caja Intersticial

Una vuelta. Un recuerdo. Un mal viaje.

El catalizador colapsa sin querer, liberando toda la energía negativa de aquello que una vez fue enterrado en la caja intersticial de hierro y carbono. Lo que debía quedar dentro se ha escapado; corre como un rayo salvaje, golpeando sin consideración todo lo que encuentra en su camino.

Y entonces, esa sensación... la que hace que tus manos tiemblen, que tu corazón palpite y que la garganta se cierre. Vuelve a tu cuerpo y piensas: ¿Por qué?

Lo enterrado, enterrado debería quedar. Pero en algún momento, ese ser siniestro —que lo es sin ser consciente— desentierra el pasado y te obliga a saber que, por mucho que quieras olvidarlo, va a seguir estando ahí.

Es entonces cuando todo se derrumba. Tienes que agarrarte a algo e intentar construir sobre la destrucción. Deconstruir la realidad y ordenar el universo de una manera tan extraña que ni cientos de miles de billones de manuales podrían ayudar.

Y te ves solo. Muy solo.

Y alguien tiende su mano. Y te olvidas de todo. Y recuerdas que, tal vez, a alguien le importes de verdad.

19 de diciembre.


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