Leidenfrost
No avances. Tienes que guardar aliento.
En ese momento en el que todo se desdibuja y, de repente, simplemente eres trazos que se han materializado: Todo — Todo — Nada — Todo — Algo — Todo. Como un trazo de tinta completamente negro. La desnudez del elemento primordial, aquel que todo el mundo ve, se torna osamenta.
¿No te deshiciste de la capa exterior porque querías? No. Realmente ha sido por necesidad. La exposición es necesaria; el retiro de la dermis y la epidermis, imperativo.
¿Qué queda a merced de la intemperie? Lo poco que estaba dibujado en un principio. El uno antes que el cero. La cruz del fin y la inmersión en el ya conocido pavimento.
Cuando la superficie te abraza sin esa coraza de piel, huesos, músculos y pelo, te desequilibra. Porque siempre ha estado ahí, pero no de esa manera. No la recordabas así, pero créeme: era de esa manera.
Y
entonces, simplemente,
te
volatilizas...
Y solamente quedan recuerdos de la ansiedad que
un día fue y que hoy ya no existe.
Pues solo somos ceros que se transforman en unos, para volver de uno a ese cero primigenio.
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