Bisbiseos constantes en el oído del demonio por el ángel que le atormenta




Bloques de piedra. Ladrillos encaminados en zigzageos constantes, con sonidos de máquinas que roban parte de tu alma y se apoderan de un endemoniado entorno. De ese entorno.

Ese que nunca quieres ver, pero que te rodea: porque está AHÍ.

Sabes que $Bi^{3+}Sb^{5+}O_4$ es algo que nunca comprenderás.

Y nadie, 

                NADIE, 


                                            quiere darse cuenta. Puede 

                                                                                    ser la Kyawthuita y su pureza individual, o quizá que solo quede uno en el mundo conocido: el Astato, el destructor metaloide. ¿Pero qué más da, si no quieres mirar?

Los ángeles ya no son tal cosa. Ahora viven entre nosotros, sin camuflarse siquiera, pues saben que su existencia en sí es algo que nadie quiere ver, al igual que ocurre con los demonios.

Toc, toc, toc: soy tu nuevo vecino.

El entorno se torna invisible, se vuelve intangible. No por obra del Mago de Oz, sino porque decidimos no darnos cuenta. Podrías eliminar tumores o ser único y brillante, pero es preferible no hacerlo. ¿Quién sabe por qué?

La individualidad se perdió en el momento en el que el ángel tomó el lugar del demonio y le susurró las sentencias más perturbadoras que este podía escuchar; tanto, que derramó litros de lágrimas que convirtieron la realidad en algo irreal.

Y seguimos viviendo, entre sus ruinas y su invisibilidad.

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