Se escapa octubre de las manos
y el gris pinta el cielo, acompañado de ese frío que se queda hasta marzo,
anidando en
los huesos y d e s hilachando
la pulpa de los seres
vivos.
Se escapa como los pensamientos bonitos, y como el verano que queda atrás.
Huye sin mirar para dejar paso a sus hermanos gélidos, los que hunden toda la ilusión de los días soleados y el astro rey sonriendo.
Se filtra en el tiempo como las novelas de Stephen King, que acaban llegando a su fin.
Y aunque esperas la siguiente novela, un nuevo octubre, o el cálido beso del buen tiempo en tu frente,
quizás no llegue.
La sociedad está enferma. Cada día más. Los bits y bytes se han merendado nuestro libre albedrío, o ¿debería decir el raciocinio?
Qué más da... De todas maneras, un día estás escuchando a una señora que fuma y grita demasiado en la terraza de un bar y al día siguiente te enteras de que ha muerto de tuberculosis.
¿Qué es la vida si no una enfermedad psicológica para la muerte?
Venimos de ningún lugar y vamos a otro que quien-sabe-quien-sabe.
Y esperas, ansías que venga a por ti, aunque probablemente, te aferres a la vida y a su último aliento y te arrugues cuando llegue el momento.
Pero la dejarás atrás. Como octubre.
No sé. Vive. O no. Elige. Es lo único que nos queda.
A veces navego sin luces, en un mar aciago y solitario, sabiendo que podría volver al puerto y verles. Pero elijo no hacerlo.
penny, octubre de 2025, entre mal tiempo y poca pesca.
Cuando yo muera, que no suene nada. Ninguna música, ni ningún ruido. Sólo la vida, que se me ha salido de la garganta en una carcajada.
— Idea Vilariño (Uruguay, 1920-2009)
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