El Yo Agnóstico y el Yo Espiritual
El Yo Agnóstico y el Yo Espiritual
Tal vez no me he percatado de la cantidad de entradas que he ido posteando en este pequeño lugar, este reducto de escritura que no creo que lea nadie.
Actuamos como confesor y confesado. No pasa nada. De esto se trata.
Sin dar detalles, me gustaría intentar poner en un ring a mi yo agnóstico y a mi yo espiritual, porque ¿no va de eso la vida? ¿De cuestionarse constantemente para poder avanzar?
Me han ocurrido tres cosas que recuerdo de una manera significativa en estos últimos tres años. Tres extrañas experiencias que no sé muy bien cómo interpretar, pero que ahí están y que me gustaría dejar brevemente reflejadas por aquí. ¡Oh, maldita mala memoria! Gracias por nada.
La primera, la expliqué en el post anterior.
- De cómo se canalizó la energía inexistente mediante un golpe de opuestos herméticos y de qi:
Habiendo pasado un año de un evento trágico (la pérdida de un ser querido), de repente me vi ante la entrada (¿o tal vez salida?) de una separación de un camino de tierra que era separado por un pórtico de columnas rojas, que daban acceso a otro gran trozo de tierra.
Su guardián, una estatua desgastada dedicada a la prosperidad y a la riqueza, estaba ahí, quieta, viendo pasar el tiempo sin parecer importarle.
La gente se acercaba, tocaba su rostro o su barriga y, haciendo una reverencia, proseguían su camino, así que no sé muy bien por qué motivo me dio por hacer lo mismo. Toqué su rostro y sentí que me inundaba una gran paz.
Cuando pasé por debajo de esa puerta sin portón, noté que una sensación de quietud y calma me había invadido. Sentí que acababa de enterrar los malos sentimientos y que, por fin, podía dar por enterrada a la persona que había perdido.
- De la vividez de la basura y los excrementos al salón lynchiano donde perdí lo que buscaba:
Compré un extraño juego de rol, uno en el que se decía poder jugar cuando estabas durmiendo. ¿Qué significaba este despropósito? En su manual se encontraban unas instrucciones precisas para poder acceder al plano de los sueños mediante la concentración en esos ¿siete? minutos que tardamos de media en ser invadidos por el sueño.
Pensé que podía ser interesante jugar, aunque por otro lado me invadía la temeridad de hacerlo.
Las explicaciones estaban claras: pensar en un objeto, en un avatar, algo extraño que pudieses ver en el sueño para ser consciente de que estabas teniendo un sueño lúcido y, en ese momento, poder tomar control del mismo.
Elegí algo raro. Elegí obsidiana, pues en toda mi obra siempre aparece un diamante de obsidiana negro, pero en este caso decidí que en lugar de un diamante fuese un huevo del tamaño de un puño y que fuese de color rosa fucsia.
Me dormí.
En sueños, accedí en un yate privado (que desconozco quién manejaba) a una especie de garaje bastante grande, un garaje en el agua al lado de una lujosa casa, y cuando atracamos, todo estaba lleno de excrementos.
Accedí por unas escaleras al piso superior de la casa y necesitaba usar el baño. Estaba incluso peor. Había gente que entraba y salía, aunque no lograba verles del todo, y entonces, entre toda esa podredumbre y esos restos fecales que inundaban techo, paredes, suelo y enseres, conseguí usar el aseo.
Cuando salí, fui directo a la siguiente estancia, que consistía en nada. No había nada. Todo era negro, pero no negro de inexistencia; era un negro aterciopelado brillante en pocos sitios, con el que se hubiese tapizado todo.
Y allí, una persona conocida a la que no logro recordar, vestida de etiqueta como un camarero de un lugar ostentoso, regentaba una barra de color marrón oscuro brillante. Me saludó, pues éramos amigos, y tras él, con varias baldas y espejos donde reposaban distintas botellas, me saludó y me preguntó qué hacía allí.
Mi sorpresa fue verle a él, y le comenté que estaba buscando algo. Le pregunté si había visto un huevo de obsidiana rosa fucsia del tamaño de un puño por allí. Él miró hacia los lados y me respondió: "Sí, el caso es que lo he visto hace un rato, pero ahora mismo no recuerdo dónde está."
En ese momento creo que desperté.
¿Qué hubiese pasado si realmente hubiese encontrado ese objeto? Esa es la pregunta que todavía genera la misma incertidumbre positiva que el mismo temor a día de hoy cuando viene a mi cabeza.
- De manos reptantes, armarios inexistentes y alucinaciones anidadas:
Probablemente, lo más extraño que me ha ocurrido en mucho tiempo (junto con las dos experiencias anteriores).
Nunca en mi vida había experimentado una alucinación hipnopómpica. He estado a punto de entrar en trance en varias ocasiones (aquella en la que escuché claramente "el demonio te va a llevar" se lleva la palma), pero nunca me había ocurrido una alucinación de ese calibre.
Cuando lo he hablado con personas, he entendido, claramente, por su forma de expresarse y contar experiencias similares, que no han tenido el tipo de alucinación que he tenido yo. No. Esto es a la par desconcertante y curioso, pero en ningún momento algo malo.
Esta descoordinación entre físico y mente ocurrió de la siguiente forma: Había descansado poco. Era uno de esos días en los que he trabajado mucho, dormido menos, y de alguna manera necesitaba echar una cabezada. No duermo siesta por norma general desde que me independicé hace unos cuantos años, pero en algunas ocasiones, para mí es imperativo hacerlo.
Vivo en un piso en el que en el sótano se encuentra mi habitación, así que bajé hacia ella por las escaleras que de vez en cuando crujen como si se tratase de unos viejos peldaños de película de misterio, y giré a la izquierda, donde la puerta divide las dos estancias que están partidas por pladur.
Cuando me he echado la siesta, dejo esa puerta abierta y entra la luz por las ventanas. Pongo mi alarma y duermo un rato, que nunca suele ser más de media hora, porque a los quince minutos estoy bastante espabilado ya.
Desde mi cama se puede ver una silla y, a la izquierda, una esquina que se pierde, donde se encuentra la puerta y el espejo.
Yo estaba durmiendo y, en un momento, experimenté la parálisis del sueño, algo que es angustioso, pero que me ocurre alguna que otra vez. Y entonces, de repente, sin poder moverme, vi cómo una mano negra y extremadamente delgada comenzaba a asomar por la esquina. Y entonces, asomaba una cabeza, pelo largo y parte del cuerpo, vestido blanco, muy similar a la Sadako de Ringu. Y salía de un armario empotrado inexistente, porque de donde estaba saliendo, solo hay una puerta.
Yo estaba aterrorizado, pero cuando comenzaba a acercarse, como pegada a la pared de mi izquierda, desperté. Aliviado porque era un sueño, pensé en levantarme y, de repente, vi la mano de nuevo. Con algo menos de canguelo, dije: "Es el sueño". Y desperté de nuevo.
Entonces vi la mano, pero ya no había cuerpo, solo la mano en la pared, moviéndose como una araña. Enfado, me di cuenta de que era otra vez el sueño y entonces pensé: "Qué coñazo, a ver si me despierto ya". Volví a despertarme. Pasó lo mismo. Repetidamente perdí la cuenta de cuántas veces vi la mano, hasta que por fin desperté.
Cuando me levanté, giré para salir por la puerta y mi sorpresa fue soberana. Había un armario y, dentro, aunque no la veía, sabía que estaba la mano y la ¿persona?. "Estoy soñando de nuevo. No puede ser." Volví a despertarme. Salí de la habitación, mareado y desorientado, dejando atrás el armario (que esta vez no había querido ni mirar porque ya ni me importaba) y comencé a subir por las escaleras.
Estaba soñando de nuevo. La sensación era exactamente igual y sabía que volvería a despertar otra vez. No había mirado el armario. Es importante resaltar que yo sabía que estaba allí.
Cuando subí para ducharme, me di cuenta de que estaba despierto realmente.
Jamás me ha pasado nada igual.
Que desafortunados somos
pensando en lo singular
no por creer estar locos
si no por no recordar
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