Rudolfo y la costumbre
Rudolfo. A las 10:53.
¿Qué es lo que tiene Rudolfo que le hace especial? Tal vez es que nadie le conoce. Nadie puede juzgarle porque en ningún momento tienen la certeza de saber si su especialidad en medicina es la de neurocirugía o si le abroncan constantemente porque no barre bien la calle de su itinerario de barrendero.
Rudolfo es un misterio. Pero no para todos. Rudolfo se bebe su café mientras se rasca el oído y mira el móvil, sonriendo al recibir un mensaje de esa persona especial.
Rudolfo es un animal de costumbres. Le gusta hacer lo de todos los días. Y Rudolfo es dibujante.
Le encanta publicar pequeños cómics, mal dibujados, como quien comienza su carrera, y le gusta mandarlos a pequeñas editoriales dirigidas por personas con dos mil trabajos que realmente les dan algo de dinero para llegar a fin de mes.
Rudolfo sabe que nunca va a vivir de esto, pero Rudolfo lo hace porque es un animal de costumbres.
Rudolfo dibuja clásicamente mal, y lo hace aposta. Los dibujos que hace para esa persona especial son distintos. En ellos plasma todo lo que sabe, y lo que sabe es muy bueno.
Rudolfo hace las cosas como quiere, sin dar explicaciones, escuchando un grito gutural que sale de sus cascos y se rasca el oído de nuevo. Y vuelve a mirar el móvil. Y vuelve a sonreír.
Rudolfo termina su café, deja unas monedas en su mesa y se levanta, dejando una estela de duda entre todos aquellos que intentan calcular matemáticamente a qué se dedica.
Rudolfo se va, intrigando a todo el mundo, con una sonrisa pícara, sabiendo que al día siguiente volverá a sembrar la duda, a sonreír, a tomar su café, y a mirar su móvil, pensando en su siguiente cómic.
Rudolfo es un animal de costumbres.
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