Donde follan las moscas



No hace mucho tiempo, un amigo, Yanko, decidió comenzar un proyecto llamado Círculo del terror. Una especie de antología en la que quería incluir relatos de terror, ciencia ficción, caspa, en fin, toda la basura que nos suele gustar, y también desde un punto de vista no profesional, es decir, la gente que escribe - mejor o peor - lo hace porque le apetece, y para mí, eso siempre es un top.

El caso es que decidí escribir (me pidió un relato) un pequeño trozo de lo que sale de mi cerebro y de mis tripas - es lo que toca, lo siento - y al final, no salió un relato, salió una novela corta en palabras, lo mejor que he escrito. pero también salió un micro relato, que no llegaba a las 500 palabras. Total. he decidido (antes de que salga) publicar el micro relato aquí. no pasa nada. No me lee ni Dios y con todas las mierdas que tengo en la cabeza, me atrevería a decir, que no debería leerme ni Dios.

si alguien llega aquí, espero que le guste.

DONDE FOLLAN LAS MOSCAS

A veces paseamos por lugares por donde no deberíamos. ¿Quién te manda meterte en ese coche, desaparecer con esa persona? Algunas amistades no son buenas. Caminas sin rumbo, y de repente estás en mitad de un bosque, sin tener claro cómo, cuándo ni por qué has llegado. Y entonces te fijas y lo ves.

Ves cómo follan las moscas sobre la córnea de lo que una vez fue un ojo de color azul cielo, cristalino como el agua, pero que ahora es una mezcla de gris apagado. Follan tranquilamente, porque saben que el ojo no se moverá, gozando de la podredumbre de su cama improvisada.

Retiro la mirada de los asquerosos insectos y veo el entorno alrededor del que disfrutan. El ojo izquierdo está muy abierto, mientras que el otro ha desaparecido, arrancado y reposando a unos metros. Alguien clavó un objeto ahí. El cadáver descansa sobre el césped verdoso, entre frondosos árboles y grandes matorrales. La cara, cerúlea, con el invisible manto de difunto arropándola. Su pelo rubio, despeinado, con mechones arrancados. Probablemente su asesino debió arrastrarla tirando de él. En su rostro, una mueca burlona, a matacaballo entre la resignación y la risa, y la comisura del labio rajada hasta la oreja. Nadie reiría en una situación como esta.

Tiene varios moretones recientes. Me invade la tristeza observándola. ¿Con quién llegaste hasta aquí y qué ocurrió para acabar de esta manera?

No tiene ropa puesta, y observo que sus pechos tienen una perfección envidiable y alguna herida. La piel, tan alba, llena de marcas, de cortes. Cuento hasta ocho puñaladas, y me resulta curiosa la mezcla de tonalidades entre ese lechoso y el bermejo de la sangre, que ha creado una extraña forma entre las hojas y en la arena. ¿Quién tenía tal enfado como para acabar contigo así?

Lleva puestas unas bragas de color rosado, manchadas de sangre también. Prefiero evitar mirar allí, no sé demasiado bien por qué. Está descalza. Un corte recorre su muslo desde la rodilla hasta la ingle. Hay bastantes larvas y escarabajos que parecen estarse alimentando de su interior, penetrando dentro con alegría y bañándose en el líquido. ¡Qué poca vergüenza!

Miro de nuevo a las moscas. Es que ahí siguen, sin pudor. ¿Cuánto dura el polvo de estos bichos? En el hombro hay señales de mordiscos de algún pequeño mamífero. ¿Habrá sido un zorro? ¡Me encantan los zorritos! Los vi en la televisión, aunque el recuerdo se va disipando.

Debería intentar hacer algo por esta pobre. Aunque sea ahuyentar a las moscas. Pero no puedo moverme. Mis pies están estáticos. Miro hacia abajo y… ¡sorpresa! Soy transparente. ¿Cómo puede ser? Tengo que conseguir desplazarme y ayudar a esa pobre chica.

Entonces contemplo mi muslo. Tiene un corte desde la rodilla hasta la ingle. No recuerdo cómo me lo hice. Intento caminar otra vez. Imposible. Tengo que ayudarla.

Entonces me doy cuenta… ¿Cómo voy a ayudarla, si esa chica soy yo?

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