El valor de un instante
Besos de seda y oro
Golpes de antaño como tambores en el pecho,
lo hecho, deslizado con vítores rancios maltrechos.
La caricia de sus manos, ahora lejos, un espantajo.
Cantan los grajos a tu figura, mientras leo el legajo.
Tirito de frío y el cielo encapotado se torna gris,
no eres feliz, se marchitó lentamente mi flor de lis.
Quien rondará tu pecho, ahora lleno de gusanos,
entre sepulcros malasanos, no verás más veranos.
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