y entonces volvimos al principio.
"Mirando el reguero de sangre, tras la catarsis, pensé que en última instancia, incluso sabiendo que podía llegar a este punto, nunca dije que no."
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"Obsesionarme con las cosas es algo que, bueno, no sé, cualquiera que me conozca sabe que existe. No me obsesiono de un modo extraño y perturbador como los psychokillers de las películas o los psicópatas de la vida real, como Bin Laden, o creaciones como Batman (disculpa, pero nadie en su sano juicio compartiría dos personalidades y saldría mentalmente ileso, lo siento). Me obsesiono por las cosas que me llaman la atención y me gustan, y esa obsesión crea un vínculo con mi yo curioso. Necesito saber más sobre las cosas, o necesito saber qué existe parecido a ello.
En este caso, me ha dado con los micro relatos, y con tener este blog que nadie lee actualizado (realmente lo utilizo como una especie de cuaderno de bitácora o, de una forma más poética e infantil de decirlo, como un diario).
El micro relato que he escrito arriba ha salido solo. Algo de los micro relatos es que solo tienen unas poquitas pautas o normas a seguir, y como en todo, nos las podemos saltar (supongo, sic).
Ese micro relato ha salido de algo muy personal, y digo muy personal porque creo que es el fruto de la apertura de una Caja de Pandora que hay dentro de mí que no recordaba que existiese.
Al igual que las habitaciones de la mansión de Réquiem Aeternam, yo tengo en la cabeza un montón de habitaciones que es mejor no abrir. Tal vez no porque haya monstruos dentro (que también), sino porque hay cosas tal vez bonitas, o salas de tortura en las que no querría volver a estar.
Hace un par de días, me ocurrió algo extraño, algo relacionado con dos personas. Una de ellas es conocida, la otra es más íntima a nivel personal. Una conversación entre ellos y un traspiés por una de las personas derivó en un silencio sepulcral por mi parte hacia la que es más íntima.
¿Por qué ha ocurrido esto? Porque hace varios años me ocurrió algo similar con otra persona, y unos años antes, también lo mismo con otra. La Caja de Pandora se abre y se cierra.
Pero ahora, yo sabía perfectamente que, quizá, algo así podía pasar por la forma de ser de esa persona con la que compartí algo íntimo.
Creo que el micro relato ha salido así porque, incluso sabiendo cómo era, nunca dije que no y seguí adelante, incluso en una batalla en la que los cadáveres, tal vez no los haya dejado yo, sino esa persona, y yo simplemente he seguido el reguero de sangre.
La caja dentro de la habitación está abierta, una luz insana y una espesa niebla ambarina recorren la estancia, y la puerta, por desgracia, sigue entreabierta, y no sé muy bien de qué manera cerrarla.
La mansión sigue viva, pero desprende un hedor extraño.
Penny. 20-25
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