Piedra rota
Algún día no habrá baldosa que encaje con sus vecinas, ni voces que invadan la cueva auditiva de los seres vivos; tal vez tampoco queden seres vivos. Las luces de los automóviles, del alumbrado y la de los móviles dejarán de brillar, y el cielo quizá tenga el mismo color, pero nadie podrá apreciarlo.
Llegará el momento en el que vítores, abrazos y lágrimas por la pérdida se pierdan en los apuntes de la historia, que serán barridos por el tiempo, y nadie alzará la mano para reclamarlos. Vendrá el instante en el que nada importe porque nada habrá.
Llegará el momento en el que solo haya cenizas y fósiles de baldosas que echarán de menos las pisadas, y quedarán en el recuerdo de la piedra, y gritarán en el vacío sin que nadie las escuche.

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