enemigos?


Vivo entre papeles, papeles y más papeles, y esos papeles son un paraíso y una condena, porque en realidad 

N O.S E.M U Y.B I E N 

por qué acabo acumulando tanto.

Tengo dos tipos de enemigos que cuando se dan la vuelta son mis amigos, como un bombo que se repite en bucle y taladra el cerebro. La materia gris sale por todos los orificios de la testa, va cayendo y se cuela en la boca, haciendo contacto con la lengua. Por un lado, a un enemigo no lo conozco; son papeles que no me da tiempo a investigar, a leer, a fornicar con ellos de la manera más erudita posible. Y a su lado, mirándome con unos ojos rojos como los de Alftory, tengo un montón de papeles escritos por mí, unos en los que las ideas retozan unas con otras, saltan hacia los laterales, se cuelgan en el techo y hacen un stage diving de ideas para intentar salir y que les preste atención, y que acaben en proyectos.

Proyectos, proyectos, proyectos y más proyectos, y esos proyectos son un paraíso y una condena, porque en realidad 

N O.S E.M U Y.B I E N 

por qué acabo acumulando tanto.

NOCLIP. Me encuentro en The City y solo aquí puedo ver cómo alguien puede ayudarme. Si miras a un espejo, allí ves a la mejor ayuda que vas a tener: tu reflejo. ¿Pero es quien dice ser o realmente eres tú autosaboteándote como los crononautas que quieren sabotear el Gran Colisionador de Hadrones?

En el Nivel 11, volviendo a la realidad no-realidad, veo a los dos amigos que viven tras los enemigos. Esos son lo que tantos papeles y papeles me proporcionan. Propinan una sabiduría y un aprendizaje que de pocos sitios más puedo aprender, salvo de maestros, maestros que cayeron en las últimas batallas de las dimensiones que nadie pudo conocer jamás. Uno de ellos es la cara oculta de los papeles que no me da tiempo a investigar, esos que me llaman, me embelesan y que me propongo a acariciar. Y lo hago. Y aprendo. El otro son la parte trasera de los que he escrito yo mismo. Yo mismo encuentro un momento en el que como un cubo de Rubik todo se reconfigura y cuando pienso que el caos no vale para nada, me abraza, me besa y me muestra cómo puedo hacerlo. Y eso se transforma en algo que me mantiene vivo. Se transforma y acaba en creaciones.

Creaciones, creaciones, creaciones y más creaciones, y esas creaciones son un paraíso y una condena, porque en realidad 

N O.S E.M U Y.B I E N 

por qué acabo acumulando tanto.



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